Día 26 Nagasaki
Día 26 Nagasaki
A las 1030 de la mañana del 9 de agosto de 1945, el mayor Charles Sweeney, ante la pérdida de combustible, la mala visibilidad, y la aparición en el radar de la fuerza aérea japonesa, decide abandonar Kokura, y vira hacia el segundo objetivo: Nagasaki.
El B29 “Bobskar” ingresa al espacio aéreo de Nagasaki alrededor de las 1100 de la mañana, y decide lanzar la bomba “Fat Man”, más poderosa que la que golpeó Hirsohima. La mala visibilidad y la situación de emergencia a causa de una fuga de combustible llevan a Sweeney a errar el objetivo y deja caer la bomba-A en una zona montañosa.
La explosión en su furia de calor, fuego, y radiación arrasa la ciudad de Nagasaki. Los arsenales y astilleros de Mitsubishi quedan desintegrados, al igual que gran parte de la ciudad. Nagasaki a diferencia de Hiroshima fue fundada en un territorio montañoso, por lo que la contundente explosión causó menos bajas que en Hiroshima. Aún así el golpe fue terrible: 80.000 víctimas en un instante.
La ciudad es amplia, está conectada por tranvías. El sol brilla y son las 1100 de la mañana. La misma hora que hace 73 años cuando una bomba-A cambió la historia. Veo a la gente silenciosa caminando alrededor. Siento el mismo escalofrío que en Hiroshima. De la estación voy corriendo al tranvía 3 que te conduce al museo de Nagasaki.
El lugar es un amplio parque en una colina en donde encuentro un salón dedicado a las víctimas. Es un espacio tranquilo diseñado con vidrios y columnas. La principal guarda los nombres de todas las víctimas del ataque. Luego paso las horas mientras veo los recuentos de los sobrevivientes. Es interesante cómo cada uno aborda de forma diferente el mismo evento. Algunos se centran en los detalles de la explosión, otros en el momento posterior, algunos hablan de los días y meses que siguieron. No pocos afirman que durante años nunca quisieron tocar el tema.
Salgo del museo golpeado por el mal que consume a nuestra especie. La ansias de poder a toda costa. De imponerse al otro. De vencer, de venganza, el odio, tantas sentimientos negativos que nos carcomen de adentro para fuera. La paz es la respuesta a todos los problemas. Un comportamiento respetuoso, sincero, amistoso hacia el otro. En fin, todos conocemos la enfermedad y la cura. Pero no hay voluntad para salvar a nuestro mundo.
Nos encontramos en el 2018 en una generación de transición. El mundo aún enfrentará grandes desafíos, y la humanidad tendrá que definir que camino tomará. Muchos nos llevarán a la extinción de la especie, y solo uno, el de la paz verdadera, nos salvará.
Veremos que eligen nuestros hijos y nietos. No nos queda más que impartir buenos valores y esperar lo mejor.
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